Ella es gorda, tiene cerca de 30 años y, al contrario de lo que todos piensan, no es virgen. Perdió su blancura a los 17 años con un tipo que nunca la quiso y del que ni siquiera recuerda el nombre. De eso ya pasaron muchos años y hace unos 5 que no tiene relaciones con nadie más, a excepción de su amigo a pilas.
Con él, se imagina montada por tanto hombre de la televisión y las películas, sueña con que cambia a los homosexuales para que deseen sus carnes sueltas, su pelo desaseado, la poca depilación, sus ojos negros y faltos de brillo. En ese momento, del éxtasis, se siente feliz, hasta que las vibraciones acaban y vuelve a su realidad, en la cama o la tina de baño.
No maneja muchos términos. Su vocabulario es reducido, excepto en las matemáticas, donde se convierte en la Miss más Miss de todas.
Nadie habla con tanta pasión de conversiones, de triángulos, logarítmos, aritmética. Se apasiona tanto como cuando está recostada con el vibrador en su mano. La mente le fluye llena de ideas, de soluciones, de conceptos que sólo ella logra entender.
Allí es feliz, más que cualquier persona. Le encataría estar rodeada de nerds que la alabaran por la supremacía numérica, pero le da pudor, ya que no son gente linda ni bien aceptados. Su anhelo es hablar con lo más variado de la socialité, escapar en un yate o ser invitada a cuanto evento haya, llegar tarde como la gente importante y tener alguna aventurilla con el galán del momento, para vender su historia al papel couché.
Sonrisas no le faltan en su desplante frente al espejo, cuando cree estar en esos eventos, las cuales no se ven entre los libros contables y papeles de su demacrada oficina sin luz natural. El escritorio lleno de migajas de hace años, da cuenta como ha aumentado su peso, mientras disminuyen sus ilusiones por casarse en una iglesia...
miércoles, junio 24, 2009
sábado, abril 11, 2009
(Des)Esperanza
Anoche soñé un río que traía las luces del tu vida. Una de esas llenas de intriga, de soledad y de desconfianza. Y también soñé que lo bebía, poco a poco. Me llenaba de una sensación híbrida de bienestar y reticencia, con sueños de horror en el descanso, con palabras extrañas al despertar, imaginería rota de alguna esquizofrenia.
Desperté llorando el mismo río que bebí, con llagas en la carúncula, con pena en el corazón y con la boca seca por haberte tomado.
Días después la sensación se esfumó, viví lúcidamente, hasta que de nuevo soñé contigo, pero no como río, sino que ahora eras aire, de ese que no puedo escapar.
Estabas viciado, denso y aún así, en vez de preferir morir de asfixia, sentí necesario respirarte profundamente, una y otra vez. Llenarme de ti, necesitarte como a un narcótico. Angustiado por saber que cualquiera podría quitarme ese impuro oxígeno que respiraba.
Y abrí los ojos, sin ti, sin aire, sin estar lleno, ni siquiera a sabiendas de que me harías mal en otra noche excitante y poco cuerda.
Rompí mi sosiego y aprendí nuevas cosas como callar, hablar con la mirada y dejar el sarcasmo. A la vez que también supe en no confiar en nadie, en no escapar más de mis sucesos. Querer enfrentar mi condición desatinada, mi locura infinita, mi mundo inventado (el que no es mundo, sino más bien una historia).
Cerré los ojos para encontrarte de nuevo. Necesitaba saber cómo harías para meterte en mí, cuál sería tu disfraz para mi daño... Y no te vi más. Era otra agua, otro aire, otro traje y allí decidí que mejor era entregarse. Di la vuelta y me volví insomne, a la espera de volverte a ver en al vida real.
Desperté llorando el mismo río que bebí, con llagas en la carúncula, con pena en el corazón y con la boca seca por haberte tomado.
Días después la sensación se esfumó, viví lúcidamente, hasta que de nuevo soñé contigo, pero no como río, sino que ahora eras aire, de ese que no puedo escapar.
Estabas viciado, denso y aún así, en vez de preferir morir de asfixia, sentí necesario respirarte profundamente, una y otra vez. Llenarme de ti, necesitarte como a un narcótico. Angustiado por saber que cualquiera podría quitarme ese impuro oxígeno que respiraba.
Y abrí los ojos, sin ti, sin aire, sin estar lleno, ni siquiera a sabiendas de que me harías mal en otra noche excitante y poco cuerda.
Rompí mi sosiego y aprendí nuevas cosas como callar, hablar con la mirada y dejar el sarcasmo. A la vez que también supe en no confiar en nadie, en no escapar más de mis sucesos. Querer enfrentar mi condición desatinada, mi locura infinita, mi mundo inventado (el que no es mundo, sino más bien una historia).
Cerré los ojos para encontrarte de nuevo. Necesitaba saber cómo harías para meterte en mí, cuál sería tu disfraz para mi daño... Y no te vi más. Era otra agua, otro aire, otro traje y allí decidí que mejor era entregarse. Di la vuelta y me volví insomne, a la espera de volverte a ver en al vida real.
sábado, marzo 07, 2009
Cremador de sueños
El tiempo nunca ha servido para nada, además de volverte viejo. Separan las tullidas cárceles de las memorias los hombrecitos que trabajan como antioxidantes, para tratar de congelar historias que ya no te sirven, sino para que creas que aún eres joven.
Completamente incierto. Completamente acertado. El más viejo de aquellos cambió su rumbo para no ser de la buena estirpe. Recordó que las memorias no sirven ni dejan legado y conformó un mitín para que se hiciera una limpieza del disco duro humano.
Así, comenzó a pedir que las cosas más inútiles se desprendieran. Las vivencias diarias no podían esfumarse tan ligeramente, por lo que decidió cumplir su tarea con el subconsciente, quien era el que más espacio ocupaba y más spams tenía acumulados.
Uno por uno fue eliminando miedos y carencias, pero estas volvían de forma repetida, como abejas a la colmena, por lo que resultó inútil luchar contra ellos.Pensó, entonces, en las pesadillas. Cordenadas de malos sueños que acechaban a diario, pero que en temporadas acababan y el espacio, a medida que los años se cumulaban, dejaba de tener gigas desocupados.
Raramente, sin poder acelerar el proceso de vaciado, pensó en comprimir archivos y sacarlos sólo cuando se le solicitaran. Buena opción, mas atrasaba las labores espontáneas y, muchas veces, las respuestas llegaban con mucho retraso.
Ya harto de crear ideas que fueran cortoplacistas, unió a sus ingenieros, periodistas, cuentistas y arquitectos, para poder recomponer etse problema, tanto comunicacional como de espacios.La idea surgió de repente. Los sueños eran inútiles, pasados y la gente no los ocupaba. Siete diarios eran los que cada persona tenía y de los que jamás hacía referencia. Con esto ya trazado, la solución era saber cómo hacerlos desaparecer sin que se notara.
Comenzaron con los unicornios, personajes fictiocios y superhéroes, para seguir con amores de verano, estudios y programas añejos. Les ponían cemento, y los arrojaban al mar del olvido, les explotaban con dinamita, perp eso generaba bajas en las neuronas. Mataban a varios con alcohol y humo de cigarro, pero aún eran demasiado prolíficos.
Inmolándose, varios pensaron en buscar soluciones y una llegó del sol. Quema. Eso. Quema. Dijo el ya maestro del acabóse. Prendio una vela en un idilio, y desparecio en una nube estrecha. Estuvo feliz. Ya se acabaría el problema con ellos, con tan solo una vela, un poco de fuego acabaría con todo, pero ya estaan muchos estancados y el trabajo tendría retraso.
Mandó a construir un crematorio, donde a todos los sueños acumulados los dejaría para acabarse. Así, en menos de tres meses ya no había qué hacer. Hubo despidos, cambios en el equipo y se redujo todo. Pasó el tiempo y el cremador se preocupaba por mantener su trabajo.
La idea fue demasiado buena. Enloqueció. Informó que etsba enfermo y se mantuvo tres días en casa, encerrado. Planeó todo. De a uno fue eliminando personas, ideas y cuentos, guionistas, productores y actores. Todos. No quedó nadie más que él, diueño y señor de la creación de los dormidos.
Y por eso yo ya no sueño.
Completamente incierto. Completamente acertado. El más viejo de aquellos cambió su rumbo para no ser de la buena estirpe. Recordó que las memorias no sirven ni dejan legado y conformó un mitín para que se hiciera una limpieza del disco duro humano.
Así, comenzó a pedir que las cosas más inútiles se desprendieran. Las vivencias diarias no podían esfumarse tan ligeramente, por lo que decidió cumplir su tarea con el subconsciente, quien era el que más espacio ocupaba y más spams tenía acumulados.
Uno por uno fue eliminando miedos y carencias, pero estas volvían de forma repetida, como abejas a la colmena, por lo que resultó inútil luchar contra ellos.Pensó, entonces, en las pesadillas. Cordenadas de malos sueños que acechaban a diario, pero que en temporadas acababan y el espacio, a medida que los años se cumulaban, dejaba de tener gigas desocupados.
Raramente, sin poder acelerar el proceso de vaciado, pensó en comprimir archivos y sacarlos sólo cuando se le solicitaran. Buena opción, mas atrasaba las labores espontáneas y, muchas veces, las respuestas llegaban con mucho retraso.
Ya harto de crear ideas que fueran cortoplacistas, unió a sus ingenieros, periodistas, cuentistas y arquitectos, para poder recomponer etse problema, tanto comunicacional como de espacios.La idea surgió de repente. Los sueños eran inútiles, pasados y la gente no los ocupaba. Siete diarios eran los que cada persona tenía y de los que jamás hacía referencia. Con esto ya trazado, la solución era saber cómo hacerlos desaparecer sin que se notara.
Comenzaron con los unicornios, personajes fictiocios y superhéroes, para seguir con amores de verano, estudios y programas añejos. Les ponían cemento, y los arrojaban al mar del olvido, les explotaban con dinamita, perp eso generaba bajas en las neuronas. Mataban a varios con alcohol y humo de cigarro, pero aún eran demasiado prolíficos.
Inmolándose, varios pensaron en buscar soluciones y una llegó del sol. Quema. Eso. Quema. Dijo el ya maestro del acabóse. Prendio una vela en un idilio, y desparecio en una nube estrecha. Estuvo feliz. Ya se acabaría el problema con ellos, con tan solo una vela, un poco de fuego acabaría con todo, pero ya estaan muchos estancados y el trabajo tendría retraso.
Mandó a construir un crematorio, donde a todos los sueños acumulados los dejaría para acabarse. Así, en menos de tres meses ya no había qué hacer. Hubo despidos, cambios en el equipo y se redujo todo. Pasó el tiempo y el cremador se preocupaba por mantener su trabajo.
La idea fue demasiado buena. Enloqueció. Informó que etsba enfermo y se mantuvo tres días en casa, encerrado. Planeó todo. De a uno fue eliminando personas, ideas y cuentos, guionistas, productores y actores. Todos. No quedó nadie más que él, diueño y señor de la creación de los dormidos.
Y por eso yo ya no sueño.
miércoles, febrero 18, 2009
Trivialidad
Hace tres deseos atrás, jugaba a encontrarte con un oscuro ser que acabase el sufrimiento que me dejó sin pudor y con un exceso de cordura. Recorrí valles, espejismos y calvarios, malos pensamientos, pesadillas y cuentos infantiles.
Acabé desganado en la agonía de un enfermo y me dieron ganas de volverme feliz por un momento. Respiré la desgarcia del ya fallecido, para encomendarme a un no sé quien. Levanté mis kilos demás y crucé volátil los lamentos de las monjas y de los familiares del occiso.
Rompí mi dieta por infinita vez y me atraganté con la ira de un incauto, con el odio de la envidia y las lágrimas de una viuda. Tomé rumbo desierto, a sabiendas de que en cualquier paraje oscuro habías de aparecer. Me reí como un tonto por creer que tendría buena suerte y seguí por el pantano del ahogado.
Me senté en las hidras para recomponer el desconsuelo y recobrar mi lamentable memoria. Tiré los zapatos antes de pasar por el rosal que plantaste para recordarme y pasé libremente entre sus flores amarillas y para luego dejarlas naranjas.
Untaba con hiel mis labios y saboreaba de a poco su amargura. Detendía mi respiración y terminaba con esos pensamientos lindos que se albergaban en algún lugar, lástima que mi vida no lo hacía.
Fulguré sensaciones, roces, calamidades titánicas en un vacío silente de lo que esperaba de mí, de la marea seca de energías celestiales, que me tragué en una bocanada de cigarro.
Y esperé, como siempre lo hago, que llegara mi hora previa a la final, pero la agonía no existe, no me quiere ni me busca...
domingo, febrero 15, 2009
Qué es
Y de verdad creo estar bien. Me miento a cada momento, con la lógica de que ser feliz es una cosa mental, una posición frente al mundo; pero en realidad no existe esa forma de bienestar. Busco, por infinita vez, un pequeño vahído de sentimientos puros, alegres y divinos... Siempre los encuentro. En caras de otros, en caricias de otros, en besos de otros que no me pertenecen, y que dudo que alguna vez lo sean.
Corrígeme si estoy mal, pero sé que no soy un santo, un Adonis ni un dios. También reconozco que me falta carácter, dureza y pudor; que me sobra el ego (mi ídolo ficticio), la patudez y el amor.
No quiero que pienses que te escribo a ti, porque no es así -aunque lo parezca-. Escribo porque me desahogo, vomito las palabras de la única forma en la que aprendí a llorar y mostrarme transparente. Lleno de palabras cursis, impropias y parafraseadas, con un dejo de prosa barata, tantas y tantas columnas y escritos, pensando en qué quiero para ser una persona contenta y la verdad es que de tanto que pedí, ya no quiero nada.
Soy un malcriado, un gigante egoísta que no se conforma con el cariño, el amor o el sexo. Ni con ser la más grande de las perras ni el más asceta de los monjes. En este momento sólo quiero llorar, como ya lo hago, con cada una de estas sílabas. Mas tampoco quiero emular al mar. Quiero que sean chubascos, o rocío matutino, imperceptibles a todo ser.
Recuerdo a la Storni y suspiro fugaz... "Ahh. Bien puediera ser..."
Corrígeme si estoy mal, pero sé que no soy un santo, un Adonis ni un dios. También reconozco que me falta carácter, dureza y pudor; que me sobra el ego (mi ídolo ficticio), la patudez y el amor.
No quiero que pienses que te escribo a ti, porque no es así -aunque lo parezca-. Escribo porque me desahogo, vomito las palabras de la única forma en la que aprendí a llorar y mostrarme transparente. Lleno de palabras cursis, impropias y parafraseadas, con un dejo de prosa barata, tantas y tantas columnas y escritos, pensando en qué quiero para ser una persona contenta y la verdad es que de tanto que pedí, ya no quiero nada.
Soy un malcriado, un gigante egoísta que no se conforma con el cariño, el amor o el sexo. Ni con ser la más grande de las perras ni el más asceta de los monjes. En este momento sólo quiero llorar, como ya lo hago, con cada una de estas sílabas. Mas tampoco quiero emular al mar. Quiero que sean chubascos, o rocío matutino, imperceptibles a todo ser.
Recuerdo a la Storni y suspiro fugaz... "Ahh. Bien puediera ser..."
sábado, diciembre 27, 2008
En Serie
Debe ser el chocolate. Sí. Eso debe hacer que me ponga nostálgico y sensible, especialmente viendo esas novelas tontas con parejas que nunca se dicen que se aman. Eso o que se acercan las fiestas y mi inconsciente hace que quiera estar acompañado, que quiera formar familia, que el fin de año me diga que falta poco para ser un año más viejo. Pero no lo creo. Debe ser el chocolate.
Y aún así me atraganto de cacao lechoso, de dudosa calidad; de fantasías creadas por algún guionista despechado, de tormentosas historias llenas de sexo y faltas del mismo; donde la sordidez es el tema central, la cordura escasea y el humor está lleno de ironías. Imágenes en las que me veo reflejado en cada capítulo como si trataran de mi historia de vida, o de lo que yo imagino como tal. Y me pongo triste al saber que quiero ser un personaje de novela, de añorar ser más irreal y ficticio de lo que soy. O ser igual, pero saber que no soy cierto, que no existo, siendo.
Es raro. Trabajo detrás de una pantalla 8 ó más horas y sólo en esos momentos agradezco no ser una de esas figuritas maquilladas, solitarias y que lloran por los pasillos sin amigos, sin pareja ni sin secretos.
Mintras pienso barbaridades, mi celular suena. Trece llamadas perdidas de trece números diferentes. 13 amantes distintos, sin nada que hacer los días antes del año nuevo, buscando una encamada con alguien que -saben- no está de vacaciones y que se siente solo. Qué ganas de tenerlos guardados para ocasiones especiales, o de tenerles algún poquito de afecto para que importaran sus llamadas.
El amante llama otra vez. Debe estar aburrido de la rutina. El mensaje funcionó. Siempre funciona desearles buena suerte. A veces creo que las personas son tan predecibles y que soy un dios que apuesta cuál será su reacción. Me encanta jugar con sus sentimientos. Con todos los sentimientos. Tienen tantos puntos débiles, tan fáciles de encontrar, tan a la vista, tan comunes...
Odio sentirme así. Cómo un maldito personaje de min serie, que maquina barbaridades y que le suceden cosas. Odio el efecto de los chocolates, pero me es imposible no comérlos. Malditos ocasionales que me llenaron de cacao.
Y aún así me atraganto de cacao lechoso, de dudosa calidad; de fantasías creadas por algún guionista despechado, de tormentosas historias llenas de sexo y faltas del mismo; donde la sordidez es el tema central, la cordura escasea y el humor está lleno de ironías. Imágenes en las que me veo reflejado en cada capítulo como si trataran de mi historia de vida, o de lo que yo imagino como tal. Y me pongo triste al saber que quiero ser un personaje de novela, de añorar ser más irreal y ficticio de lo que soy. O ser igual, pero saber que no soy cierto, que no existo, siendo.
Es raro. Trabajo detrás de una pantalla 8 ó más horas y sólo en esos momentos agradezco no ser una de esas figuritas maquilladas, solitarias y que lloran por los pasillos sin amigos, sin pareja ni sin secretos.
Mintras pienso barbaridades, mi celular suena. Trece llamadas perdidas de trece números diferentes. 13 amantes distintos, sin nada que hacer los días antes del año nuevo, buscando una encamada con alguien que -saben- no está de vacaciones y que se siente solo. Qué ganas de tenerlos guardados para ocasiones especiales, o de tenerles algún poquito de afecto para que importaran sus llamadas.
El amante llama otra vez. Debe estar aburrido de la rutina. El mensaje funcionó. Siempre funciona desearles buena suerte. A veces creo que las personas son tan predecibles y que soy un dios que apuesta cuál será su reacción. Me encanta jugar con sus sentimientos. Con todos los sentimientos. Tienen tantos puntos débiles, tan fáciles de encontrar, tan a la vista, tan comunes...
Odio sentirme así. Cómo un maldito personaje de min serie, que maquina barbaridades y que le suceden cosas. Odio el efecto de los chocolates, pero me es imposible no comérlos. Malditos ocasionales que me llenaron de cacao.
sábado, diciembre 06, 2008
...
Silencio. No hay más que silencio alrededor. Los vecinos se durmieron, los autos ya no pasan. Es extraño no sentir nada. Ni mis pensamientos hablan. Ellos se mueven entre una escala de grises, con cartones que expresan ideas, en una película muda.
Hasta la gotera se ha detenido. Me inquieta no saber del mundo, ni saber si respiro, porque no oigo ni mi corazón ni mis pulmones. ¿Estaré en coma? No. Esto no es un sueño.
¿Me habré quedado sordo sin saberlo? Es impensable, a menos que haya ocurrido después de entrar a casa y que el mundo muriera en ese instante.
Quedo enrarecido. Tomo una ducha y el agua tampoco emite sonido. No moja tanto como debería. La siento viscosa. La siento tan rara como me siento yo.
Aparco mi sentido común junto a los otros. Es decir, lo aparcan. Me perdí en la inconciencia sin estar inconciente.
Estoy en la nada... o en el todo. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo expresarlo sin voz? Cómo...
Hasta la gotera se ha detenido. Me inquieta no saber del mundo, ni saber si respiro, porque no oigo ni mi corazón ni mis pulmones. ¿Estaré en coma? No. Esto no es un sueño.
¿Me habré quedado sordo sin saberlo? Es impensable, a menos que haya ocurrido después de entrar a casa y que el mundo muriera en ese instante.
Quedo enrarecido. Tomo una ducha y el agua tampoco emite sonido. No moja tanto como debería. La siento viscosa. La siento tan rara como me siento yo.
Aparco mi sentido común junto a los otros. Es decir, lo aparcan. Me perdí en la inconciencia sin estar inconciente.
Estoy en la nada... o en el todo. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo expresarlo sin voz? Cómo...
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